En un artículo anterior hablaba de que la técnica por si misma no tenía valor alguno. Hoy quiero poner en relieve los puntos más interesantes de elegir por un lado algo técnico, o algo automático.
Y es que ninguna opción absoluta es buena, y vaya esto por delante.
Siempre los extremos han sido malos, nocivos, pero en este caso más. Puesto que un planteamiento absolutista solo nos aboca al fracaso.

Lo que si que es verdad es que no hay nada como hacerte fama de algo para usar aquello de lo que no tienes fama para engañar a magos, pero no estamos en ese planteamiento, ya que el público es nuestro fin, y solo el respetable es el que nos marca los tiempos.

Hay que tener en cuenta varias cosas a la hora de escoger un camino u otro, y es que no tenemos que perder de vista el fin, nuestro fin es Ilusionar.

Visto el fin, el camino está claro, se tiene que escoger la mejor opción para poder llegar a ese fin. Pero existen unas normas concretas, una especie de acuerdo tácito entre el mago y el espectador que hace que no usemos, o no abusemos de ciertos elementos.

Del uso al abuso hay solo un paso, y uno tiene que estar muy atento a en que momento damos ese paso en falso, que nos hace ser demasiado técnicos o demasiado prácticos, por decirlo de algún modo.