El Manto de la Invisibilidad

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“En la tradición japonesa -leo en un ensayo-, se llama kintsugi al arte de llenar las fisuras de un objeto roto, con una resina donde se ha diluido oro en polvo. En vez de disimular la grieta se la subraya con una substancia luminosa , a menudo de mayor valor que el objeto mismo. En vez de ocultar las cicatrices de su vida, el objeto las exhibe y, al hacerlo, adquiere una forma de nobleza”.

En “El manto de la invisibilidad”  reflexiono sobre la Cobertura y de qué manera es posible lograr que la trampa no sólo no se vea o sospeche (como pedía Ascanio), sino que ni siquiera haya lugar para ella. Este artículo viene acompañado de unas anotaciones de Gabi Pareras y de la descripción de mi manejo para el “Pañuelo que cambia de color”.

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